La siguiente entrevista han sido realizada para publicarse en los Boletines de la EMTG. Es una revista que da cabida a la reflexión, expresión o elaboración de aspectos en relación con la Terapia Gestalt por parte de los/as alumnos/as de la escuela, que ya han acabado o acaban de terminar su formación, y del profesorado.

Entrevista realizada por Néstor Muzo, ex alumno de la EMTG a Claudio Naranjo para el boletín del año 2005.

A finales de septiembre del 2005 tuve el honor de contactar con Claudio Naranjo para que respondiera a esta pequeña entrevista, en donde una vez más nuestro querido y sabio “maestro” comparte con nosotros su visión sobre el arte y la terapia… Deseo que lo disfrutéis…

(Néstor Muzo, corresponsal por día)

Néstor.- ¿Cuándo decides incorporar lo artístico y porque en el SAT?, ¿Qué importancia puede tener para un terapeuta cultivar lo artístico?

Claudio: Me parece que lo artístico conviene a los terapeutas porque conviene a los humanos, y mi planteamiento educacional ha sido el de incrementar la capacidad terapéutica de los profesionales atendiendo a su maduración en cuanto a seres humanos. Si creemos en el desarrollo integral de las personas, no puede faltar el arte. Y el que muchos terapeutas vengan del ambiente académico, y más que nada científico, los hace ignorantes de la vida, e ignorantes de muchas cosas que se transmiten a través del arte.

Ahora, otra cosa es que pueda responder a tu pregunta acerca del cuándo. Porque no me parece que me haya dicho a mí mismo en un momento dado que debo incorporar lo artístico a mi programa. No es esa la forma como funciono, me parece. La música estuvo muy presente desde el comienzo porque es simplemente parte de mí…

Néstor: aparte de la música veo que esto del teatro…

Claudio: El teatro entró para mí después de que Ramón Resino terminó el tercer módulo del SAT en Babia, y le propuse que al año siguiente integrara su experiencia de teatro con la Gestalt y de los eneatipos. Poco después le hice la misma invitación a Juan Carlos Corazza, y cuando eran mis únicos colaboradores en la especialidad solía presentarlos diciendo que uno encarnaba lo dionisiaco y el otro lo apolíneo. Luego vinieron otros, como Antonio Ferrara, que ya antes de ser gestaltista había sido actor, y que se avino a seguir mi consejo de re-integrar ese aprendizaje, y Armando Arjona, que había sido asistente de Spielberg, y que contribuyó con un interesante trabajo de máscaras, y Gema Morera, y Consuelo Muñoz, y otros. Simplemente me pareció evidente que así como Fritz había sido inspirado por el teatro, los que estamos en el mundo de la gestalt de hoy podemos seguir aprendiendo de la gente de teatro en vez de contentarnos con simplemente hacer uso de esos elementos de teatro que pasaron a ser parte del legado de Perls y de la gestalt tradicional. La transmisión de la gestalt hoy en día se hace usando la improvisación de diálogos entre subpersonalidades, y otros recursos, como hacía Perls, pero nadie había dado el paso que el mismo Perls dio al acercarse al teatro mismo. La gente no había acudido a la fuente, que yo sepa, y es esa posibilidad la que quise darles en forma sistemática al introducir ese “teatro terapéutico” que específicamente hiciera una síntesis entre teatro gestalt y la comprensión de la caracterología. Y sigo experimentando con el programa. El año pasado, por ejemplo, por primera vez incluí en el SAT de Brasil un curso de clown, y quedé muy contento del resultado, pues ayuda a la gente a reírse de su ego, y a improvisar; pero el año próximo incluiremos también elementos de bufón.

Néstor: para mi el bufón es la polaridad del clown, porque el bufón trabaja con el humor negro, irónico, satírico, y el clown trabajo con el humor blanco…

Claudio: uno es ligero y el otro espeso…

Néstor: exactamente

Claudio; El bufón es un acusador, un denunciador

Néstor; exactamente…

Claudio; por eso que los reyes lo tenían tan cerca…

Néstor: claro, exactamente… estoy escribiendo la tesina sobre esto…

Claudio; Antes que el teatro, una actividad artística que estuvo muy presente en el SAT fue la escritura. Fue algo prominente en el primer SAT, en Berkeley, y lo habría desarrollado más si no fuera porque el formato del SAT se volvió tan breve. Y si la gente no estuviera casi siempre tan ocupada, habría insistido en mi entusiasmo por el arte de la autobiografía, estimulando a las personas a hacer biografías reiteradas, profundizando así en el estudio de la propia vida hasta que se vaya haciendo más poética su mirada y contar la propia vida se vaya volviendo arte. Algo de eso estoy haciendo a través del proyecto de los eneatipos en transformación, un libro muy grueso que estoy preparando en colaboración con gente del SAT

Néstor:..¿Tienes el nombre del libro?

Claudio; Eneatipos en transformación, en que espero mostrar para cada uno de los 27 caracteres qué es lo que queda atrás a través de su proceso terapéutico, qué rasgos positivos se desarrollan, qué cosas se recontextualizan y cómo, qué no cambia, hacia donde va, a qué tipo de perfección se va cada uno acercando y otros asuntos. El proceso requiere que tenga a mucha gente escribiendo y revisando biografías, y el rol de ir sugiriendo darle énfasis a esto o aquello siempre me gustó mucho. Incluso ejercí ya en Chile, antes de darme a conocer como terapeuta, pues cuando trabajaba para la Universidad de Chile me tocó supervisar la autobiografía de un delincuente que estaba por vigésima primera vez en la cárcel, (después de haber estado en la cárcel de todos los países sudamericanos). Me había tocado conocerlo por un peritaje que me solicitaron sobre el que era su compañero de celda, y así conocí a este hombre, que estaba en un momento de la vida en que le parecía haber vivido en vano, siempre huyendo y sin dejar nada de valor a su paso por la vida. Parecía estar en un momento de conversión espontánea, queriendo hacer algo de su vida, por fin, y tenía la idea de escribir su vida. Yo le ayudé, incluso materialmente, y le supervisé lo que iba saliendo. Se publicó su libro, incluso con un prefacio de Pablo Neruda, y tras la publicación de su novela autobiográfica—El Río—su autor—Alfredo Gómez Morel, encontró trabajo en un periódico y cambió de vida tras muchos años de vivir como ladrón nocturno. Y cuando se publicó ese libro otros presidiarios se pusieron en contacto conmigo, porque querían que también los ayudara, pero tenía muchas otras cosas que hacer entonces, tanto en la escuela de Medicina como en la escuela de arquitectura, donde enseñaba psicología del arte. Pero fue para mí un entrenamiento éste de ayudar a otros a que le tomaran el sabor al arte de repensar y por último mostrar su vida con transparencia.

3) ¿Crees que se puede hacer de la terapia un arte?

O bien se la practica como arte, o se practica algo que talvez no merezca llamarse propiamente terapia. Digamos que hay dos terapias; la que hace según los libros, y la que se hace con arte. Merecen nombres distintos, y así como hay la psicología científica y la psicología humanista, hay también una “psicoterapia científica”, que emplea técnicas diversas y estrategias, y hasta da lugar a cierta medida de intuición, y otra que es más un arte y en que se toma en cuenta especialmente el factor de encuentro. El factor de encuentro es como el arte en la terapia. Pero aún más que arte: digamos que se trata de humanidad, de ser uno mismo. Y pienso que tampoco en el arte no se puede disociar la capacidad creadora de aquellos a quienes llamamos genios de su desarrollo excepcional como seres humanos.

4) Siguiendo con el tema del arte…podrías compartir con nosotros en que ha contribuido la música el proceso de tu vida? …

Tal vez haya sido la música mi vocación principal, después de la vocación de buscador—esa sed que me ha llevado a entrar en tantos aprendizajes terapéuticos y espirituales--. La música me ha tacado muy profundamente, y puedo decir incluso que fui criado para ser músico desde los seis años. Mi nombre—Claudio—es eco del de Claudio Arrau, uno de los pianistas más famosos del siglo, que estaba alojado en mi casa cuando yo estaba en la panza de mi madre y mi madre tenía una especial admiración por los músicos. Cuando quise dedicarme a la música, sin embargo, se alarmaron mis padres, que temieron por mi supervivencia, y me dejé persuadir por ellos al optar por la carrera más segura de la medicina. Me sentía yo medio músico y medio científico en esa época, aunque con el tiempo se viera que, más que científico y músico, terminaría siendo aspirante a místico.

Puedo decir que mi experiencia como músico tiene dos fases: una fase de formación, en el conservatorio nacional de Chile y con otros profesores de piano y composición, y una segunda fase, marcada por el contacto con Totila Albert y el conocimiento de lo que el llamaba el “dictado musical”, que así llamaba él a lo que muchos hoy llamarían su “canalización” de poesía inspirada por ciertas obras musicales por diversos compositores alemanes. Constituyó este dictado musical una obra poética extensa y novedosa, en que cada sílaba de su poesía se corresponde con una nota de la obra musical correspondiente. Para mí, la familiarización con estas obras le dio más profundidad a mi escucha musical. Puedo decir que pude asomarme más que antes al contenido vivencial de la música, a través de esta obra poética que más que comentario parecía provenir de la misma experiencia interior que la música misma. Dejé de componer, entonces, pues sentí que eran triviales mis propias composiciones musicales, pero me entró la música a un nivel más profundo—o tal vez entré yo en ella—y me parece que es eso principalmente lo que me preparó para lo que hago de vez en cuando, cuando recurro a la música como una ayuda para el proceso de crecimiento de la gente que participa en mis grupos. Y tras esta explicación puedo conectar tu pregunta a lo que estábamos hablando; diría que, con la perspectiva de los años veo que toda mi formación formal en la música me resultó una preparación para entender mejor a Totila Albert, y de él aprendí a entender mejor el nivel vivencial de la música; es decir eso de la música que está más allá del placer del oído o la belleza formal que reconocen los musicólogos (pues es la moda en la musicología pensar que la música no sea un lenguaje ni tenga significado). Entonces yo fui muy tocado por la propuesta de que la música sí que tiene significado y que ese significado es su razón de ser, y entonces me alimenté de música como nunca cuando empecé a entenderla tan profundamente, y es eso lo que contribuyó a mi desarrollo-- y tal vez, indirectamente, a otras buenas cosas que he hecho ya más de viejo…

Claudio: Los grandes artistas fueron personas no sólo de talento, sino de genio, y lo que llamamos genio es el desarrollo personal; es decir, ese alto nivel de desarrollo personal o conciencia elevada que es la clave de lo que llamamos creatividad—y que consiste principalmente en tener algo que decir.

Claudio Naranjo, Otoño del 2005.

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